Niñez

Como todos los días caminaba deprisa. Hoy, otra vez, llegaba tarde. Su falda escocesa plisada en tablas perfectas, el polo de un blanco radiante y los calcetines hasta la rodilla completaban su uniforme. Pasó por delante casi sin darse cuenta. Tenía prisa. 
Esa mañana hacía calor, el cuerpo frágil y desnudo lo agradecía. Otra vez sería duro, no importaba tenía a su hermanita a su lado, no podía rendirse.
El limpiabotas no tenía más de diez años, empezaba temprano con su cajita de madera, su paño y su tarro de betún. Con su sonrisa triste regalaba su trabajo por una comida, su hermanita a su lado jugaba con una muñequita de trapo que el mismo había fabricado.
Ese día se cruzaron la chica con prisas y el limpiabotas, solo una mirada. Una pequeña sonrisa y un par de monedas. 
Se terminaron las clases, ese día hacía calor. Ya no había prisas. El parque estaba cerca y tenía una cita. Dos hermanos con sonrisas y brillo en los ojos la aguardaban. Durante un instante no hubo diferencia solo tres bocadillos, tres niños y una muñequita de trapo.

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